martes, 17 de septiembre de 2013

Wolf's Tears (Capítulo 7)

Autora: G.ell. (@Maria_BubbleTea)
Participantes: Samantha Hwang (OC/Fan), Lay, Tao, Luhan, Kris, Chen, Xiumin, Sehun y Chanyeol (EXO), Tiffany Hwang (SNSD)
Género: Long-fic, AU, ciencia ficción, fantasía, acción.
Advertencias: Lemon no explícito, muerte de algunos personajes.
Autorización: +12.



   Bostezó medio dormida y cerró los ojos con fuerza al notar los rayos del sol sobre su cara. Aunque no tenía sueño, no quería levantarse de la cama. Presentía que aquella semana iba a ser bastante dura y no tenía suficientes ganas como para afrontarla. Aun así abrió los ojos y se dio la vuelta, encarando a Sehun.  Por un momento no supo que ocurría, pero recordó todo lo ocurrido el día de ayer y que durmieron juntos en la misma cama. Ahora que lo recordaba, Sehun al final no la dijo quién era aquella chica que le gustaba.
  Un grito agudo seguido por unas risas que provenían del piso de abajo la sacó de sus pensamientos y despertaron por completo. Era la voz de Elisabeth. ¿Qué la estaría pasando? No tenía ganas de abandonar la cama, pero la curiosidad y el hambre la hicieron levantarse. Antes de cerrar la puerta comprobó que Sehun no se hubiera despertado y bajó las escaleras en silencio. Aquellos gritos y risas provenían de la cocina. Sin hacer el más mínimo ruido se acercó hasta el marco de la puerta y asomó la cabeza, al ver qué era lo que estaba ocurriendo no pudo reprimir una pequeña sonrisa. Lu Han no dejaba de abrazar a Elisabeth por la cintura y levantarla del suelo como si fuera una niña pequeña. Por eso tantos gritos. Tampoco dejaba de darla fugaces besos por el cuello, las mejillas y el hombro dificultando a Elisabeth el simple hecho de hacer el desayuno. Con miedo a ser descubierta se recostó contra la pared y por un momento pensó en ella y Lay viviendo un momento así, sintiendo como su corazón se aceleraba.
  Era patético, ¿verdad? Con todo lo que Lay la había hecho; ignorarla todo este tiempo y ni si quiera dignarse a hablarla cuando se encontraron; ella seguía pensando en él. Dicen que el primer amor es el más difícil de olvidar pero que, tarde o temprano, logras hacerlo. ¿Por qué ella no puede entonces? Lo ha intentado de todas las formas posibles, pero su rostro sigue apareciendo por las noches en sus sueños.
  Sin ser vista volvió hasta el cuarto donde durmió, entrando en silencio para dejar dormir a Sehun un rato más, y buscó su móvil. Puede que Tiffany la hubiera llamado o dejado algún mensaje. Nada. Ninguna señal de su hermana, ¿eso es lo mucho que se preocupa por su hermana pequeña? En cambio tenía varias llamadas perdidas de un número desconocido. Extrañada, frunció el ceño y por primera vez se aguantó las ganas de curiosear por si se metía en más líos. Suspiró sin saber muy bien qué hacer. Estaba en casa de alguien que había conocido hacía algunos días y no había empezado con muy buen pie que se pudiese decir. Volvió a dirigir la mirada hacia Sehun. Siempre la había sorprendido lo mucho que puede llegar a dormir aquel chico. Estaba segura de que si ahora mismo alguien entrase y la secuestrase, él no se daría cuenta porque estaba dormido.
 Sin importarla hacer ningún ruido esta vez, cogió su ropa y se dirigió al cuarto de baño para cambiarse. Una cosa era que Sehun estuviera durmiendo y no la pudiera ver mientras se cambiaba… pero ella sabía que estaba ahí y era suficiente como para incomodarla. Tras cambiarse de ropa y dejar la camisa prestada bien doblada y en su sitio bajó de nuevo a la cocina, donde parecía haberse calmado las cosas.
- Samantha, ¿ya te has despertado? - dijo Elisabeth dándose cuenta de su presencia, esta asintió un poco incómoda.
- Gracias por tomaros la molestia de dejarme pasar aquí la noche - dijo Samantha sintiéndose un poco incómoda, después de todo estaba invadiendo el espacio personal de una pareja y eso incomodaba a cualquiera.
- No te preocupes, no es como si no estuviera acostumbrada a estas alturas - suspiró Elisabeth con un aire cansado, ante esto Lu Han rodó los ojos mientras seguía enfrascado en el periódico y su taza de café.
- ¿Por qué dices eso? - al ver que Elisabeth dejaba una taza de cola-cao y galletas en la mesa Samantha se sentó suponiendo que era su desayuno - ¿Acaso no vivís Lu Han y tú aquí? -.
- Si, pero la mayor parte del tiempo tenemos a alguno de la manada correteando por casa. Más que vivir Elisabeth y yo, vivimos la manada y nosotros - contestó Lu Han en un tono cansado - No hay ni un momento de intimidad en esta casa -.
- Lo siento - dijo Samantha sintiéndose más violenta que nunca.
  Elisabeth dio un codazo a Lu Han por haber dicho aquello al notar el cambio de humor en Samantha. Minutos antes de que Samantha terminase su desayuno bajó Sehun, cambiado, y literalmente engulló el suyo. No quiso molestar más asi que tras una rápida despedida pidió a Sehun que la llevase hacia casa. Este se negó al principio pero al ver lo incómoda que se encontraba Samantha la hizo caso y la llevó de vuelta a su casa, parando antes por la suya propia para avisar a su madre de su vuelta.
- ¿Estas segura de que no quieres dar una vuelta? Puedo llevarte a cualquier sitio - insistió Sehun antes de entrar en el coche de nuevo, Samantha negó con la cabeza y observó cómo desaparecía al final de la calle.
Observó un momento su casa. Hacia un tiempo que ya no la parecía su hogar. Su hermana pasaba la mayoría del tiempo trabajando o fuera por asuntos que por alguna razón no la contaba.  Además, ella tampoco pasaba tiempo en ella. De repente, con todo lo que la estaba pasando, casi no pisaba su casa si no era para desayunar, comer, cenar y dormir. Una vez dentro se esperaba algún sermón por parte de su hermana por no haber pasado la noche en casa o algo por el estilo, pero lo único que recibió en cambio fue silencio. De nuevo su hermana estaba fuera, y por la nota que había dejado en la puerta de la nevera con un imán iba a estar una semana o dos fuera.
  Sabía que su hermana solo lo hacía pro que debía de ser algo bastante importante, pero no podía dejar de sentirse ignorada en cierto sentido. Su hermana hacía lo que podía mientras se manejaba con el rol de madre, padre y hermana mayor a la vez… pero ella solo quería que su hermana estuviera en momentos así. En momentos como la ruptura con tu novio, o en tu cumpleaños… o cuando descubres que eres una mezcla entre dos estirpes de brujas.
 Mientras seguía inmersa en sus pensamientos el teléfono  comenzó a sonar desde la mesilla del salón. Sin ánimo alguno se acercó hasta él y lo cogió, aunque con el tono de voz de zombie que puso hubiera jurado que habría asustado a cualquier que hubiera llamado.
- Casa de Tiffany y Samantha, ¿quién es? - hubo un momento de silencio tras su pregunta en el que solo oía la respiración de la persona que había llamado. Era un tanto tópico, sacado de una peli de miedo donde la llamada entrante no es otro que un psicópata obsesivo con llamar a chicas jovencitas.
- Oiga, si no contesta pronto voy a colgar - avisó Samantha sintiéndose un tanto perturbada, había visto suficientes pelis de miedo como para saber por dónde podría acabar la cosa y no tenía ganas de vérselas con un psicópata - ¿Quién llama? -.
- Alguien en que de verdad deberías confiar - esa voz tan grave la había escuchado en otra parte, no podría olvidarse de alguien con esa voz tan profunda y grave… pero, ¿dónde la había oído?
- ¿Quién es? - volvió a preguntar Samantha comenzándose a cansarse.
- Soy el hombre con el que te chocaste en el centro comercial -.
  En ese momento sintió un escalofrío recorrer la longitud de su espina dorsal. ¿Cómo ha sido capaz de averiguar cuál era el número fijo de su casa? Aquello comenzaba a crisparla los nervios. Se sentía perseguida por aquel hombre.
- ¿Cómo demonios ha sabido el número de casa? - preguntó con voz temblorosa.
- Ahora mismo no importa, solo quiero hablar sobre Lay - contestó el hombre desde el otro lado de la línea, extrañada decidió coger el teléfono y asomarse a la ventana del salón. Quizá estaba llamándola desde alguna cabina a las afueras de la calle mientras la vigilaba.
- No tengo nada de qué hablar con usted, y por favor déjeme en paz. Ni si quiera le conozco ni sé su nombre y por si fuera poco me llama sin yo darle el número, acabaré llamando a la policía si sigue acosándome - amenazó Samantha mientras se sentaba en el sillón y, en la esquina, pegaba las piernas a su pecho. Aquello era igual que una película de miedo.
- Mi nombre no importa, lo que importa es que te estás metiendo en un mundo demasiado peligroso para alguien como tú - aquello ya comenzaba a crisparla los nervios de sobremanera. ¿Pero quién se creía para decirla qué hacer o no?
- Mire, con todo el respeto del mundo, no creo que tú me conozcas lo suficiente como para decirme en dónde me estoy metiendo - dijo Samantha intentando mantener la calma, oyó cómo aquel hombre suspiraba profundamente. Casi pudo sentir el aliento sobre su oreja.
- Samantha, pequeña, no sabes cuánto te equivocas - contestó el hombre - Puede que no hubiera estado a tu lado desde que naciste, pero te conozco demasiado bien -.
- Vale, se acabó - dijo Samantha asustada - O me dice quién es ahora mismo o llamo a la policía y hago que le arresten -.
- Soy alguien cercano a tu madre -.
- Entonces no te importará que le haga unas preguntas… -.
  Con esto Samantha iba a descubrirle. Si de verdad fuera alguien cercano a su madre ella le conocería o le hubiera parecido familiar la primera vez que lo vió de camino a clases. Las primeras preguntas iban a ser bastante fáciles y por si tiene suerte y las acierta, la última iba a ser la definitiva. Desde luego no iba a permitir que un extraño jugase así con sus sentimientos.
- De acuerdo, pero que sea en persona - dijo tras un momento de silencio - El viernes a las 18:45 en la cafetería del centro llamada ‘’Taste Muse’’ -.
- Este bien - accedió Samantha tras pensárselo un momento - Pero si veo que haces algo sospechoso llamaré a la policía, seas o no amigo de mi madre -.
  Sin nada más que decir colgó el teléfono inalámbrico y lo tiro a la otra esquina del sofá. Se quedó en la misma posición, en silencio, durante lo que pareció ser  media hora mientras escuchaba la lluvia chocar contra la ventana. ¿Cuándo había comenzado a llover? No lo sabía, ya casi nada la importaba. ¿Cuándo comenzó su vida a estropearse de aquella manera? Su novio; el cual no es otra cosa que un lobo; la deja y la evita, su hermana estaba en paradero desconocido por algunas semanas, hay un hombre que posiblemente sea un psicópata no deja de perseguirla y encima dice ser cercano a su madre, y por último descubre que es un bruja procedente de la mezcla de dos estirpes diferentes y que ha su mayoría de edad debe elegir a qué bando pertenecer.
 Suspiró para intentar tranquilizarse y hacer desaparecer aquella ligera presión que sentía en su pecho. Necesitaba dar una vuelta y despejarse. Miró por la ventana cómo la lluvia caía sin compasión. Quizá la idea de salir a tomar aire fresco no era buena idea. Dio un par de vueltas por la casa hasta que se la ocurrió una idea. Iba a aprovechar que no  estaba su hermana para hacer el estúpido hasta el aburrimiento. Corrió hasta su cuarto, tropezando con las escaleras por el camino un par de veces, y se acercó hasta la estantería donde guardaba los CDs. Cogió un par de One Direction y bajó de nuevo al salón. Metió el CD en el equipo de audio y lo dejó en pausa. Acto seguido se fue a la cocina y dejó una pizza calentar en el ordo; volvió a su cuarto y se cambió por ropa más cómoda. Se dejó puesto el jersey de punto beige y se quitó los pantalones pitillos para ponerse unos shorts de pijama blancos, sus calcetines altos que tan calentitas mantienen las piernas y se recogió el pelo en un moño hecho de cualquier manera, dejando mechones libres caer por detrás. Antes de bajar al salón de nuevo bajó unas mantas, sacó las luces que solía utilizar de pequeña para decorar su cuarto en navidad y que este año no ha utilizado y unos cuantos cojines. Primero bajó el portátil, dejándolo en el sillón, luego las mantas y las luces, y por último los cojines; dejándolo todo en el salón. Volvió a subir a por una de las lámparas viejas que su hermana tenía en su cuarto y volvió al salón.
 Al bajar las escaleras se miró en el espejo de los armarios de la sala de estar y sonrió orgullosa. Esta sí que era ella. Sin maquillaje, vestida cómodamente y con su típico moño de recién levantada. No entendía por qué las chicas de su edad se preocupaban tanto por su imagen y se pasan horas en el baño maquillándose como si se hubieran dado de golpe contra una puerta. Lo mejor, a manera de ver, era ser tal y como una es y no preocuparse de lo que los demás piensan de ti… aunque lo estaba diciendo la chica que no deja de pensar en el chico que, ademas de romper con ella por una estupidez, la evita. Bueno, los que dan consejos suelen ser los que más los necesitan ¿no es así?
 Dejó la vieja lámpara en el salón junto con todo lo demás y fue a vigilar la pizza. Aun la quedaban unos minutos, suficientes como para terminar lo que tenía pensado hacer. Volvió al salón y comenzó a reunir las sillas del salón en un círculo. En el medio de este puso los cojines y una de las mantas, dejando un hueco para la lámpara. Una vez que todo colocado en su sitio, puso la manta sobrante sobre la lámpara y sillas, formando una especie de fuerte. Por último puso las luces sobre el techo que la sábana formaba para iluminar más el ambiente y las enchufó junto con la lámpara. Hoy iba a dormir en un fuerte, como hacía de pequeña.
 Fue hacia la cocina a por la pizza, la cual estaba un poco chamuscada por los bordes; tal y como a ella la gustaba. Cortó unos cuantos trozos, los puso en un plato y regresó al salón. Con la otra mano cogió el portátil y se tumbó bajo el fuerte después de apagar todas las luces y encender el reproductor de audio. Así se estaba en el cielo. Comiendo pizza, viendo películas de su infancia para olvidarse del mundo por unos momentos y con la música de su grupo favorito de ambiente. Solo cuando las canciones cambiaban podía oír la lluvia caer en el exterior, no parecía querer calmarse.
 Las horas fueron pasando, al igual que las canciones del disco y las películas en el portátil de Samantha. Paró la película justo cuando la protagonista y su chico deseado habían peleado y cortado la relación. Demasiados recuerdos a la noche donde ella y Lay tuvieron la suya. Cerró el portátil y lo dejó en la mesilla del salón junto con el plato con los trozos de pizza fríos que ya no la apetecía comer y cambió el CD para poner música más alegre. Cogió el mando de la tele y, fingiendo que era un micrófono y poniendo el volumen de la música un poco más alto, comenzó a cantar y bailar por todo el salón. ¿Qué mejor canción para animarte y hacer el idiota por el salón de tu casa que la cancion de ‘’Kiss You’’ de One Direction?
 Haciendo el idiota de aquella manera se sentía libre y más si lo hacía sin importarla que la gente que pasaba delante de su casa pudiera verla por la ventana del salón. Algunos que otros se quedaban unos segundo en shock, otros apartaban la mirada… pero solo uno se quedó todo el rato mirándola sin importar que la lluvia comenzara a colarle hasta los huesos. Samantha, ajena a todo lo que ocurriera en el exterior, siguió cantando y bailando las canciones de su grupo favorito hasta que el aliento y las fuerzas no la dieron para más y calló rendida en el sofá. Tardó un cuarto de hora en recobrar el aliento y las fuerzas, pero aquello valió la pena. Nunca en su vida se había divertido tanto sola. Miró la hora y decidió dejar de atormentar a sus vecinos con la música, apagando el reproductor de audio. Fue entonces cuando oyó los golpes en la puerta, y por la fuerza con la que llamaban seguramente hubieran estado fuera bastante tiempo.
- ¡Voy! - gritó Samantha acercándose hasta la puerta, al abrir juró que su corazón se detuvo por unos instantes - Lay… -.
 El nombrado tan solo hizo una mueca y fijó la vista al suelo sin saber que decir. Ni si quiera sabía qué hacía en casa de Samantha, tan solo sabe que sintió una ganas tremendas de volver a verla y oírla decir su nombre… aunque fuera en un tono lleno de tristeza u odio.
- ¿Qué haces aquí? - preguntó Samantha.
 En ese momento no sabía qué sentir. Tenía al culpable de todo el daño sufrido delante de sus narices pero no podía odiarle, mucho menos si estaba en aquellas condiciones. Estaba empapado de pies a cabeza, pálido y no parecía que hubiera dormido en varios días… La recordaba a ella los primeros días tras la pelea.
- Necesitaba verte - contestó levantando la mirada y clavándola en Samantha, quien se encogió en el sitio - ¿Puedo pasar? Aquí fuera hace bastante frío -.
 Tras dudar un momento se hizo a un lado permitiendo pasar a Lay al interior de la casa. Le indicó que esperase en el pasillo mientras ella iba a por toallas al baño. Cualquiera que la viera ahora mismo la llamaría idiota, tonta, inútil y más apelativos relacionados. ¡Qué adolescente normal deja pasar a su ex novio a casa? Solo ella. Suspiró y tras coger un par de toallas bajó de nuevo .
- Estas empapado - comentó mientras le ponía una toalla sobre la cabeza y comenzaba a secarle el pelo - ¿Cuánto tiempo llevas afuera? ¿Acaso quieres ponerte enfermo? -.
 Lay no contestó y prefirió mantenerse en silencio mientras observaba a Samantha. Solo dios sabe lo mucho que había añorado a aquella cabeza loca. Había añorado lo que se sentía cuando le miraba de aquella manera, su voz, el calor de su cuerpo, sus ojos tan grises como una tormenta… todo de ella.
- Quería hablar contigo, pero no me atrevía a llamar a la puerta por miedo a tu reacción - confesó Lay acabando de secarse el pelo por sí mismo.
- Voy a encender la chimenea, así entrarás en calor - dijo Samantha ignorando lo que Lay había dicho - Será mejor que te quites la ropa mojada, creo que puedo dejar vieja ropa de mi padre -.
- Por eso no te preocupes - contestó Lay quitándose la chaqueta.
 Samantha se le quedó mirando curiosa pero apartó la mirada rápidamente cuando vió que se estaba quitando la camiseta. El corazón la estaba latiendo a 200 km/h y sentía que las mejillas comenzaban a arderla. Si alguien entrara ahora a su casa y les interrumpiera lo agradecería muchísimo… ¿¡Dónde estaba su hermana cuándo la necesitaba!?
 Decidió ir a encender la chimenea en vez de estar parada como una pasmarote mientras Lay se desvestía. Rezaba porque solo se quitase la camisa y nada más. Bajó al garaje a por leña suficiente como para que entrara en calor y al subir de nuevo no pudo evitar echar un vistazo rápido a la espalda de Lay. Aunque no fuera muy ancha, lo suficiente para su edad, se notaba que hacía ejercicio. Sacudió la cabeza al darse cuenta que se había quedado mirando demasiado y procedió a hacer la lumbre. No fue muy difícil, pero aun así el nerviosismo la estuvo jugando malas pasadas. Sentí temblar todo su cuerpo.
- Bueno… - hasta la voz la temblaba al hablar, se sentí estúpida - ¿Sobre qué querías hablar? -.
- Cuando peleamos dijiste que estabas harta de tantas mentiras - dijo Lay sentándose en la esquina del sillón, Samantha le acompañó sentándose en la esquina contraria - Pues yo estoy harto de mentir y, si me das la oportunidad, me gustaría contarte todo lo que puedo -.
- Está bien… pero nada de mentiras, no más - advirtió Samantha levantando el dedo.
- La gente que dice que soy peligroso tiene algo de razón. Mis padres son los cabeza de familia de una estirpe de pura sangre bastante larga ademas de que lideran la manada de Canadá - Samantha asintió para indicarle que podía seguir y se acomodó mejor en el sitio aunque para ello tuviera que acercarse más a él - Por supuesto yo iba a ser el próximo líder, pero las cosas se torcieron. Sufrimos un ataque de una bruja demasiado poderosa y perdimos a mi madre; desde entonces papá se volvió demasiado sobre protector conmigo y con el resto de la manada -.
- ¿Una bruja os atacó? - preguntó Samantha.
- La brujas oscuras y los lobos siempre han estado enfrentados. Estas necesitan la sangre de niños y gente de nuestra edad para sus cosas de brujas y nosotros intentamos protegerlos de ellas. Es por eso que te dije que tú y yo no podíamos estar juntos… podía oler la esencia a bruja que desprendías - contestó Lay con un tono apagado.
- Pero yo no soy como ellas… ni si quiera sabía que era bruja hasta ayer - dijo Samantha, Lay la sonrió… o la dedicó una mueca mientras la cogía de la mano y comenzaba a acariciarla.
- Lo sé, por eso me gustas tanto y por eso preferí  apartarme de ti lo máximo posible el día en el que Tao se descontroló. No lo hizo porque le dieras, sino porque te acercaste demasiado a él cuando no estaba acostumbrado a la esencia de una bruja - explicó Lay - Cuando vi que estaba preparado a atacarte el miedo se apoderó de mí y comprendí que si te hacían daño por haberte metido en todo esto no podría vivir con la culpa. Es por eso que ese día discutimos, fingí estar molesto para que te enfadases conmigo y terminaras con la relación pero no lo hacías… asi que lo hice yo, intenté sonar lo más cruel posible para que me odiases y así estuvieras lejos de mí y no te hicieran daño -.
- Pero fui yo quien eligió meterse en todo esto no tú, tu no tendrías culpa de nada… - protestó Samantha sintiendo cómo el pecho se la oprimía al ver tan indefenso a Lay. Era la primera vez que lo veía de esa forma y no podía soportarlo.
- Aun así lo hice para alejarte de todo daño posible pero… - Lay se acercó a ella y la cogió de las muñecas. Dudó unos segundos pero finalmente levantó ambas mangas del jersey dejando a la vista aquellas minúsculas marcas en la piel de Samantha, justo en las muñecas. No eran nada de lo que preocuparse, por el aspecto que tenían no parecía que iban a dejar mucha marca - Pero aun así tú misma te lo hiciste, y todo por mi culpa. Haga lo que haga seguirás recibiendo daño y eso es lo que más me molesta -.
- Idiota… ¿Y por qué no me lo dijiste en vez de armar tanto escándalo? - preguntó Samantha volviéndose a poner las mangas en su sitio.
- ¿Acaso eso te habría echo dejar de estar conmigo? - Samantha le miró pensativa unos segundos, pero la respuesta era simple y clara.
- No - contestó mirándole directamente a los ojos.
- De alguna manera me alegra oír eso - dijo Lay sonriendo levemente, los dos se quedaron mirándose el uno al otro por unos instantes hasta que Lay rompió el silencio - Hay…¿Hay algo más que quieras saber? -.
- Si - contestó Samantha acercándose un poco más a Lay, quien sonrió de lado al leer las intenciones de esta. Aun así, no hizo nada al respecto, quería ver hasta dónde podía llegar Samantha con aquello que estaba haciendo - ¿Es verdad que solo tenéis una pareja para toda la vida como dicen las historias? -.
- Si, pero no lo llamamos imprimación ni nada por el estilo… ni si quiera tiene nombre, ocurre y se acabó - contestó Lay intentando leer las emociones de Samantha.
- Y… ¿las has encontrado ya? - aquello era tentar demasiado, peor su curiosidad la ganaba. Era ahora cuando sabrá si tuvo alguna oportunidad con Lay o siempre fue un caso perdido.
- Si, pero ella aún no lo sabe. Fui un idiota y la dejé escapar - contestó Lay acercándose peligrosamente a Samantha, quien no podía despegar su mirada de los ojos castaños de Lay. De nuevo brillaban de aquella manera tan extraña pero encantadora a la vez que la era difícil resistirse.
- ¿Y por qué no se lo dices? - preguntó Samantha echándose un poco para atrás, apoyándose con las manos. Lay sonrió y siguió avanzando hasta que el borde del sofá impidió a Samantha escapar de él.
- Por qué la he hecho demasiado daño y tengo miedo a que me odie… - contestó Lay inclinándose sobre ella lentamente - ¿Me odias? -.
- N-no… al contrario de eso, te quiero - dijo Samantha - Pero la última vez te deshiciste de mí como si no te importase nada y tengo miedo  que vuelvas a hacerlo, a que vuelvas a mentirme… No quiero que me vuelvas a hacer daño -.
- No tienes ni idea de lo arrepentido que estoy por hacerte todo esto Samantha - suspiró Lay contra sus labios - Cada vez que pensaba en todo el daño que te estaba haciendo se me oprimía el pecho, y cuando te vi el otro día y lo comprobé en persona se me partió el corazón. Fue la gota que colmó el vaso, no pude aguantar más y por eso estoy aquí suplicándote que regreses… -.
- Lay yo… - Lay negó con la cabeza llamando la atención de Samantha.
- ¿Recuerdas lo que te dije? - preguntó Lay - Si me dices que no respire, no lo haré; si me pides que te bese, no dejaré de hacerlo hasta que lo digas; y si me ordenas dejarlo todo para estar contigo, no dudaré en hacerlo… pero si me dices que te deje en paz, que no vuelva a hablarte, lo haré por mucho que me duela -.
 Sin resistirlo ni un segundo más lo abrazó por miedo a que, de nuevo, desapareciera de su vida como si nada. No podría soportarlo. Perderle de nuevo significaría caer en la oscuridad total y no quería hacerlo. Sintió que Lay dejaba caer todo su peso sobre ella para abrazarla contra él y un sentimiento cálido se apodero de ella. No quería separarse de él nunca. Pero Lay no parecía compartir ese pensamiento, puesto que se separó de ella. Se observaron mutuamente unos instantes hasta que Lay comenzó a besarla.  Al principio era un beso lento y dulce pero pronto las cosas comenzaron a calentarse. Lay mordió con suavidad el labio inferior de Samantha para después colar la lengua. Mientras tanto, ella seguía el ritmo del beso como podía a la vez que acariciaba la espalda de Lay. En un momento dado sintió la fría mano de Lay colarse por la camisa y acariciarla el abdomen. Aquello estaba yendo demasiado lejos y si alguien no les paraba aquello iba a acabaren algo más besos y caricias. De pronto, como si alguien la hubiera leído la mente, el teléfono volvió a sonar.
- El teléfono está sonando - dijo Samantha rompiendo el beso, Lay la miró perdido un momento. Al parecer no era a la única que aquello la afectaba de aquella manera.
- Deja que suene, es un país libre - susurró Lay besándola en la frente.
- Pero puede ser importante… - lloriqueó Samantha, Lay rodó los ojos ante aquel tono de voz tan infantil y se quitó de encima.
- Vale contesta el teléfono, pero rápido. Llevo semanas sin poder besarte - dijo Lay.
- ¿Y de quién es la culpa? - preguntó Samantha levantándose y dirigiéndose hacia el teléfono.
- Touché -.
-  Casa de Samantha y Tiffany, ¿quién es? - preguntó Samantha - Es Helen -.

 Lay se levantó del sillón tras suspirar profundamente. Arrebato el teléfono a Samantha y tras besarla en la cabeza contestó a la llamada. Esta decidió dejar un poco de intimidad y sentarse en el sofá, observándole con una sonrisa en la cara. Puede que, después de todo, las cosas comiencen a mejorar para ella ahora que habían arreglado las cosas entre Lay y ella. Observó sonriente como Lay se giraba y la dedicaba una sonrisa y un guiño de ojo, lo que la hizo reír como una idiota. La verdad, aunque las cosas no mejoraran la daba igual. Siempre y cuando Lay se mantuviera a su lado.

2 comentarios:

  1. Me leí esta historia entera en menos de un día!!! Me encanta!!! La trama se ve muy interesante, vamos a ver como sigue...
    awww !! amo a Lay !!! es uno de mis lobitos favoritos pero no quiero que Sehun se quede solo, eh?? jeje Hay que buscarle una novia urgente, pobre lobito ^_^
    Tan solo tengo una crítica constructiva para darte (no te me enojes, eh? jeje), me confunden un poco los usos de los pronombres como lo, la y les; supongo que será por las distintas formas de utilizarlos que puede haber en cada país o región de habla castellana. Por ejemplo yo soy de Argentina y es más común la utilización de 'la' o 'lo' que el ´le' aunque en algunos caso ese 'le' suele mantenerse. Te transcribo una parte de la historia para que me entiendas : "(...) Si no prohibían la relación con los humanos por qué Lay la dijo aquello (...)" En vez de 'Lay LA dijo' para nosotros sería 'Lay LE dijo...'
    Bueno, encontré varios casos parecidos en la historia y algunos me confundían bastante pero si es propio de tu región esta ultilización tan particular de los pronombres, está todo bien... voy a ser yo la que se acostumbre jeje...
    Saludos!!!! Muchas abrazos y a continuar la historia!!!!!!!!! ^_^

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    1. Gracias por la crítica, así me ayudas a mejorar. La cosa es que tengo un problema, soy laista y tiendo a decir y escribir siempre ''la'' en vez de ''le'' o ''lo''. Es algo que intento corregir, pero siempre se me escapan algun que otro ''lal'' :P

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