martes, 10 de septiembre de 2013

{CENSURADO} You only have one chance... (Capítulo 11)

Autora: Daleth (@_anothershadow)
Participantes: Kai, Lay, ChanYeol, Kris (EXO), MinAh (Girl's Day), Joon (MBLAQ), JunHyung (B2ST), HeeChul (Super Junior), MinHo (SHINee)
Género: angst, crime, drama, mystery, general
Advertencias: muerte de un personaje, violación NO explícita, tortura, lemon, lenguaje soez
Autorización: +18
Sinopsis:
"SeoWon era un lugar complicado, él lo sabía mejor que nadie... Se conocía sus calles como la palma de su mano, había jugado con fuego en sus rincones más oscuros y más de una vez se había quemado. Pero estaba vivo, más vivo que nunca en su maldita vida. Había escapado de ese agujero que lo consumía lentamente y ahora era libre, libre para hacer todo aquello que las eternas palizas le habían impedido, libre de limpiar sus manos de los restos de sangre seca, libre para contar su historia... Tal vez no es bonita, tal vez es demasiado dura, tal vez no hay un amor verdadero escondido entre sus líneas, pero es su historia. ¿Estás dispuesto a escucharla...?"







Capítulo 11

            HeeChul se dejó caer con pesadez en el sillón de su despacho. La conversación con JongIn no había sido muy fructífera, y que no quisiera hablar con él solo hacía que su dolor de cabeza aumentara; y eso que aún tenía miles de problemas pendientes que solucionar, empezando por aquel idiota que lo golpeó y terminando por el propio Kai.

            Se aflojó la corbata para quitársela, deslizándola con suavidad por su cuello para dejarla caer después sin ningún cuidado en el suelo. Se masajeó las sienes, haciendo movimientos circulares, y cerró los ojos, tratando de relajarse un poco. Realmente todo lo que hiciera era inútil... Ser el cabeza de familia y, además, controlar una mafia no era un trabajo sencillo.

            HeeChul suspiró, echando la cabeza hacia atrás sobre el respaldo del sillón. Lo que le había dicho JongIn le hacía pensar en demasiadas cosas... Tal vez no había sido tan buen hermano como creía, tal vez debería haber cuidado más de sus hermanos, haberles prestado más atención... Pero ya no podía volver atrás en el tiempo, daba igual lo mucho que lo deseara.

            Cogió el pequeño marco que tenía sobre el escritorio, el único que guardaba, y lo observó atentamente. A través del cristal, cuatro pequeños niños le sonreían de forma tierna y brillante, demostrando toda la felicidad que un cuerpecito con tan poca experiencia podía guardar.

            Inconscientemente HeeChul sonrió al acariciar la foto. Le resultaba irónico que una escena tan cálida solo le reportase el frío del cristal al tocarlo...

            Negó para sí mismo, dejando el marco bocabajo para resistir la tentación de hundirse en más recuerdos. Ya ni se reconocía, no sabía si era él el que salía en la foto o solo un vago espejismo creado años atrás, porque todo había cambiado demasiado. Él había cambiado, ChangSeon había cambiado, JongIn había cambiado, y...

            Se mordió la lengua, golpeándose contra el sillón como un pequeño castigo por permitirse pensar es aquello. Simplemente todo era distinto, y el mayor de los Kim no era la excepción. Sin embargo, HeeChul también lo pasaba mal, para él también era doloroso, ¿por qué no se merecía un poco de compasión como los demás? No era una máquina, tampoco de hielo... el gran Kim HeeChul también tenía sentimientos...

* * *

            Yixing se arreglaba la ropa mientras trataba de recuperar el aliento. La chica que lo acompañaba se subió su ropa interior y se alisó un poco con las manos la falda de su uniforme de trabajo. Acto seguido abrió la puerta de la enorme despensa y vigiló que no hubiera nadie del servicio cerca.

            – Ya puedes salir –sonrió pícaramente a Lay.

            – Muchas gracias, preciosa –se puso a su lado y la besó por última vez de forma apasionada, aunque trataba de controlarse para lo que estaba por venir.

            Salió de la habitación y enfiló el pasillo de las habitaciones de los criados para llegar a las escaleras que daban a la gran mansión Kim. Colarse allí había sido más sencillo de lo que jamás se habría imaginado, solo tuvo que ganarse el favor de una de las numerosas jóvenes que trabajaban al servicio de la mafia.

            Llegó hasta la primera planta y giró a la derecha, al ala donde se encontraban los dormitorios, según le había indicado aquella chica cuyo nombre ya había olvidado. Si su memoria no le fallaba, ella había dicho que era la tercera puerta a la izquierda.

            Pasó frente al lugar indicado y golpeó suavemente la madera. Inmediatamente la voz ahogada de Kai le dio permiso para pasar. Lay no pudo reprimir una sonrisa divertida que dio vida a sus labios finos. Cuando el menor lo viera entrar seguro que no se reiría.

            Yixing se recompuso rápidamente y abrió la puerta lo justo para poder pasar, luego la cerró y, con suma delicadeza, echó el pestillo para evitar que lo interrumpieran.

            – ¿Por qué has tardado tanto en traerme un maldito café, KyungSoo? –bufó el menor, tirado bocabajo en la cama con la cabeza hundida entre diversos almohadones–. Ahora llama a SoHee y dile que me tiene que curar –exigió con tono burlón.

            El chino se lamió los labios. Kai solo estaba tapado por una sábana blanca que le cubría únicamente hasta la cintura, con su piel oscura uniformemente bronceada expuesta ante su mirada lujuriosa. Aquel niñato despertaba sus más bajos instintos.

            – ¿KyungSoo? –Lay rió suavemente al escuchar el llamado de JongIn mientras se acercaba a su cama.

            – Siento defraudarte, no soy KyungSoo... Pero mira el lado positivo, soy más alto, más guapo y mejor en la cama.

            Kai se giró inmediatamente al escuchar aquella voz, incorporándose levemente.

            – ¿Qué demonios haces tú aquí? ¿Cómo has logrado entrar?

            El mayor negó con la cabeza, agachándose justo al lado de la cama para estar a la altura de JongIn.

            – Te dije que conseguiría lo que quiero de ti... y yo siempre cumplo mis promesas, Kai.

            El moreno tragó saliva en seco al ver como el chico, poco a poco, se deshacía de su camiseta, dejando sin ningún pudor al descubierto su torso blanquecino bien trabajado.

            – No puedes hacerme nada... –titubeó, sintiéndose de repente muy impotente por no poder moverse a causa de sus heridas–. Puedo llamar a seguridad –Lay rió escandalosamente al escucharlo para, acto seguido, subirse sobre él, inmovilizándolo con su propio peso.

            – Como se te ocurra alertar o avisar a alguien de alguna forma, abriré la boca y cantaré como un bonito y colorido loro, Kai. Y créeme, esa será tu perdición.

            Yixing se inclinó sobre el chico, haciendo que pusiera una mueca de dolor ya que el castaño estaba presionando su herido costado izquierdo.

            – Me haces daño... – se quejó lastimeramente, sintiendo como atacaba su cuello con labios, dientes y lengua.

            – Guárdate las quejas para más adelante, te harán falta –rió sobre su cuello, logrando que se le erizara la sensible piel al menor.

            Kai volvió a tragar saliva, aquello había sido una amenaza en toda regla. Lay pensaba terminar lo que tantas veces había comenzado de forma infructuosa y, en aquella ocasión, lo iba a conseguir, no podía hacer nada por evitarlo.

            Conforme Lay bajaba por su pecho dejando un reguero de besos, JongIn trataba de revolverse de forma inútil, ya que el chino tenía más fuerza de la que aparentaba poseer. Sus labios mandaban corrientes eléctricas por todo el cuerpo del menor, haciendo que cada vez le fuese más difícil contenerse. Lo peor de todo es que iba a conseguir lo que quería...

            Poco a poco y a pesar de sus nulos intentos, el menor se fue rindiendo ante el toque de Lay para disfrute personal del chino.

            – Parece que a ti también te gusta –se burló el castaño, subiendo y mirándolo a los ojos.

            – Hijo de puta –Kai trató de transmitirle con la mirada todo el odio que sentía, pero solo sacó una risa seca de su compañero.

            – Eso no quita que lo estés disfrutando tanto como yo.

            Sonrió de lado antes de mover las caderas, haciendo que Kai gimiera por primera vez en aquel encuentro.

            – N-no hagas eso –se quejó con los ojos fuertemente cerrados para tratar de contenerse.

            – ¿El qué? ¿Esto? –repitió la acción, sacando otro gemido al moreno. Lay rió de forma suave–. El niño pequeño no ha sido nunca el dominado, ¿eh?

            – No soy ningún niño –a pesar de la situación, JongIn se negaba a dejarse humillar tanto.

            – Claro que sí, lo que tú digas, Kai.

            El chino se lanzó sobre sus labios gruesos, dejando que su lengua invadiera la boca del moreno, saboreando su esencia, hundiéndose en él. La temperatura de la habitación crecía de forma alarmante, haciendo que Lay se sofocara, pero tenía que ir con calma, no siempre podía disfrutar así de JongIn.

            Los gemidos poco a poco tomaron el control de sus gargantas, llenando el aire de jadeos ahogados y frases inconexas que se perdían con el paso de los segundos. Kai se había dejado dominar por la cantidad de emociones que arrastraba Lay tras de sí, usándolas en su contra y a su favor simultáneamente, como si supiera exactamente cómo manejar su mente y cuerpo a placer.

            Yixing atrajo al menor hasta su cuerpo para besarlo de forma lenta y tranquila, aunque no menos pasional. Con cuidado, el chino bajó con sus manos por la espalda morena, haciendo que Kai se pusiera en tensión.

            – Relájate, JongIn –el menor abrió los ojos al escuchar su verdadero nombre de labios de su amante–. Nunca te lo han hecho, ¿eh?

            El chico bajó la mirada, avergonzado. A pesar de fardar tanto de vida sexual y de ser bisexual, nunca se había visto en aquella situación.

            Fue entonces cuando algo en el pecho de Lay dio un vuelco. JongIn parecía tan tímido, tan inocente, como si estuviera tratando con un niño pequeño, inexperto e inseguro.

            – Tranquilízate... –besó su mejilla.

            JongIn asintió, aspirando hondamente para dejar salir el aire con lentitud, y se acercó a Lay, sentándose a horcajadas sobre él, permitiendo que el chino rodease su cintura de forma protectora y posesiva.

            Poco a poco, conforme los segundos pasaban, sentía una mayor molestia abarcando su vientre bajo. Sin embargo, el suave susurro de Yixing y el sinfín de besos que dejaba sobre su piel lograban que se relajara de nuevo, sintiendo el placer del calor ajeno invadirlo.

            – ¿Estás listo? –el castaño lo besó con suavidad, casi temiendo hacerle daño con ese simple roce.

            – Empieza de una maldita vez ya.

            Lay rió ante el comentario, dejándose llevar pronto por el placer de estar junto a Kai. El moreno no podía dejar de gemir, queriendo más de todo lo que Yixing le daba; más besos, más caricias...

            Ninguno de los dos se molestaba en ocultar su placer, tal vez demasiado confiados pensando que nadie los podía escuchar, sintiéndose solos, abandonados por todo el mundo en aquel momento... hasta que tocaron a la puerta.

            – ¿S-señor...?

            Kai abrió los ojos, asustado, al distinguir la voz de KyungSoo. Trató de separarse de Lay, pero el chino se lo impidió.

            – Dile que se largue –le susurró al oído, tentándolo para que no se fuera de su lado.

            JongIn asintió con la cabeza, no podía resistirse a él, no ahora.    

            – V-vete... KyungSoo –pronunció con dificultad, deseando que su criado no cuestionara su decisión.

            No era la primera vez que el menor de los Kim se llevaba compañía a su dormitorio, algunas veces incluso a chicas del servicio. Pero en aquella ocasión todo era demasiado distinto, extraño... No estaba con un cualquiera, era su amigo, Lay, que se había colado en su habitación; no se encontraba en cualquier situación, estaba permitiendo que accediera a zonas de su propio cuerpo que ni él había tocado; y lo peor... todos pensaban que Yixing no debía acercarse de nuevo a Kai.

            – Pero... debo curarle, señor.

            – ¡Largo! –gruñó el moreno, avergonzado por todo aquello por primera vez en demasiado tiempo.

            Lay rió, abrazando con cariño a JongIn, mirándolo profundamente a los ojos, intensamente, de aquella manera que hacía que el menor se sonrojara. La mirada de Yixing lo penetraba, parecía llegar hasta lo más profundo de su alma. Era extraño, nunca se había sentido así... como si fuera la primera vez que compartía una situación igual con una persona.

            Kai escondió su rostro en el cuello de su amante, agarrándose a sus hombros fuertes y blanquecinos como si su vida dependiera de ello.

            – Me gusta JongIn... –el murmullo de Lay le sorprendió, haciendo que se sonrojara aún más, si es que eso aún era posible–. Me gusta más que el Kai soberbio y ligón... –besó su mejilla, buscando sus labios desesperadamente.

            El moreno se irguió, aceptando los labios finos de Yixing en un suave beso, tranquilo, sensual, de esos que conseguían que Kai desconectara de todo lo que le rodeaba y se centrara únicamente en la otra persona.

            El ritmo de sus caderas era cada vez más errático y descoordinado a causa del orgasmo que se acercaba a pasos agigantados, construyéndose en sus vientres bajos. JongIn sabía que no iba a aguantar mucho más y, al poco, llegó al culmen del placer siendo acompañado por Lay, ambos con el nombre contrario hormigueando en sus labios.

            Yixing dejó caer la cabeza hacia atrás, apoyándola contra la pared. Poco después, sintió como Kai se echaba sobre su pecho en una posición más cómoda. El chino sonrió, acariciando el pelo suave y moreno del menor para después estirarse en busca de la sábana que había caído al suelo durante su encuentro.

            Con cuidado, Lay se levantó de la cama, tumbando a JongIn y cubriéndolo con la sábana para que no cogiera frío. Dejó un beso en su frente de forma tierna, comenzando a vestirse lentamente después.

            – ¿Ya te vas? –la voz adormilada del menor llamó su atención, haciéndole sonreír, jamás se imaginó a Kai siendo como un niño, frágil, pequeño, inocente...

            – Sí... –suspiró–. No creo que sea adecuado que me quede después de la que me lió Joon... Además, tienen que curarte esa herida y a mí no me pueden ver aquí.

            Kai bajó la mirada, algo apenado. Era la primera vez que veía a Lay así de serio, evaluando su situación. Siempre había pensado que el chino era una persona alocada que simplemente se dedicaba a vivir su vida, pero se equivocaba...

            – Descansa, JongIn –le sonrió antes de quitar el seguro de la puerta y abrirla un poco, cuidando que nadie lo viera salir de allí.

            El menor se hundió entre sus almohadas tras ver a Lay desaparecer de su dormitorio. Aún huele a él, pensó, sintiéndose estúpido y perdido, como un niño en mitad de una calle bulliciosa, sin saber qué hacer. ¿Por qué Yixing había tenido que aparecer de repente? ¿Por qué tenía que haber tirado todas sus barreras precisamente ahora? Ahora, cuando por fin tomaba sus propias decisiones, cuando se sentía seguro, cuando pensaba que podría lograrlo... ¿Por qué ahora...?
Continuará...

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